domingo, 21 de febrero de 2010

"LA GALLETITA"
Cuando de prejuicios se habla:
Supongo que a todos nos pasa que a veces prejuzgamos a las personas tan solo por la primera impresión, e incluso sin ni siquiera haber cruzado un saludo, simplemente no nos cae bien y es suficiente para emitir un juicio que lejos de serlo puede poner candado a cualquier relación posible entre las personas.

En el año 1989 yo me había incorporado en Gendarmería Nacional y mientras esperaba ser enviado al período de instrucción me desempeñaba en la Ayudantìa del Sub Director Nacional (Subdinal) en el 4º piso del Edificio Centinela.

Luego de algún tiempo y abocado a la tarea diaria me cruzo en el pasillo con un flaco que salía de la oficina de enfrente donde funcionaba La Direcciòn Nacional (Dinalgen). A primer golpe de vista y sin mediar palabra ni saber su nombre, tuve la sensación de un tipo pedante y engreído de los que seguramente nunca me sentaría por mi voluntad a compartir un mate o un café.
Pasaban los días y coincidíamos en el ascensor, otras veces retirando los radios o las ordenes del día y en distintos lugares del Centinela, pero nunca “un buen día” ni un “hasta luego”, quizás a él le pasaba lo mismo o no, pero pasó el tiempo y mi sensación siempre era la misma.

Finalmente salió publicado en la orden del día mi nombre con destino al centro de formación Gendarme Apenino, en puerta 4 Campo de Mayo, con fecha 10 Enero 1990 a las 0700.

Ni bien crucé el “Arco de Triunfo” comenzaron los gritos y los apurones, FORMARSE POR ORDEN ALFABÉTICO, (una locura)….. 150 tipos que no se conocen entre sí, comenzamos a gritar la primera letra del apellido y hasta que logramos formar pasaron unos 15 o 20 minutos. Las sonrisas pícaras de los suboficiales a cargo delataban lo descolocados que estábamos todos. Miré a ambos lados y no conocía a nadie, lo mismo les pasaba al resto, de esa forma marchamos hasta la cuadra y una nueva orden…. FORMARSE POR ESTATURA, eso nos llevo unos minutos menos que la primera vez, volví a mirar a mi izquierda... otro desconocido y a mi derecha hombre por medio increíblemente ese flaco de la oficina de enfrente que no me caía bien, pero en ese lugar y ante tantos desconocidos pasaba a ser un poco más familiar que el resto.

En ese orden de estaura se formaron los grupos de combate y en ese orden se asignaron las camas, los cofres y la vida de todos nosotros comenzaría a hermanarse de una manera única como jamás lo hubiese imaginado.

Gustavo Valdez, así se llamaba ese tipo al que mi prejuicio determinó un invancable y luego resultó ser uno de mis mejores compañeros durante el tiempo que estuvimos en Campo de Mayo.

Con Gustavo desayunábamos el mate cocido con pan, sentados en el piso espalda contra espalda, marchábamos al polígono, desfilábamos, formábamos y hasta dormíamos pasillo de por medio, de apoco comenzaba a cambiar mi forma de pensar respecto de él, aunque me costaba confiar a pleno, porque esa sensación inicial todavía no me abandonaba por completo.

Con el correr de los días el entrenamiento endurecía, el calor y la sed era mucha al igual que el cansancio y el hambre, cualquiera de nosotros se hubiera comido cualquier bicho que camine sin importar el tamaño y lo bravo que fuera, porque ya estábamos convencidos que era un tema de supervivencia. El trabajo que estaban realizando los instructores comenzaba a dar resultados, nos estábamos convirtiendo en soldados duros, preparados para soportar lo peor dejando los sentimientos y las debilidades de lado.

Pero sin embargo un día promediando la tarde, Gustavo corrió unos 30 metros hasta mi posición con el puño cerrado, diciendo en voz baja ¡Guille!, ¡Guille!, conseguí 2 galletitas y tendiendo la zurda (la del corazón) me compartió una y sin saberlo él, me dió una lección de compañerismo que en ese momento no llegue a entender por completo, pero me alcanzó para saber que ya no era un extraño y que en pocos días me había adoptado como su amigo y que estaba dispuesto a pasar hambre y sed junto mí, sin esperar algo a cambio, en términos militares se podría decir un auténtico camarada.

No sé porque después de 20 años escribo sobre esto, quizás la anécdota de "LA GALLETITA" haya pasado justamente un 4 de Febrero o quizás no, pero lo cierto es que nunca le conté lo que pensaba y tampoco nunca agradecí a ni a ninguno de mis compañeros/camaradas de grupo los momentos que pasamos juntos, las horas de charlas sobre cosas muy sentidas, cosas que solo se hablan en momentos difíciles, cuando las ausencias de los seres queridos se agiganta cada noche durante las guardias o en las patrullas nocturnas y que solamente otro igual a vos puede escuchar y entender, alguien que vive con la misma intensidad la incertidumbre de no saber bien que está pasando afuera del alambrado, un alambrado que traza una línea de valores tan fuerte y vital que una "GALLETITA" puede desarmar todos tus prejuicios para mostrarte a un amigo.

Al final, un día de decisiones como tantos otros, solicité la baja de Gendarmería por falta de vocación y dí un giro tan grande a mi vida como cuando decidí incorporarme. Me alejé con la promesa de escribirles, (claro que no existían los correos electrónicos ni las redes sociales), volver a insertarme en la vida civil me llevo algo de tiempo y con algunos cambios volví a encaminarme mientras ellos siguían con la vida de Gendarmes.

Pasados 15 años, me encontré con Claudio López (nuestro enfermero) quien me contó sobre la suerte de algunos, Napoleón el Cordobés con quien cambié los borceguíes antes de irme de baja, falleció, (y ese dicho "no me gustaría estar en sus zapatos".... porque yo le dì los mìos y no creo realmente que la muerte estuviera en ellos. Él decía que los suyos tenían una puntera de payaso y accedí a cambiarselos y quizàs si le hubiera dicho que no, no estaría pensando esta tontería, seguramente era su destino...) Braun quien dormía en la cama pegada a mi izquierda es un Alacrán (tropas especiales de Gendarmería), que varios se enlistaron en los cascos azules, y que otros están en distintos puntos del país.

Estoy seguro que todos ellos han cumplido muchas misiones y habrán vivido infinidad de anécdotas, pero seguramente ninguna tan sabrosa como "LA GALLETITA"

Hoy guardo el mejor de los recuerdos para Jorge Urigh, Adolfo Martinez, Marquez, Gustavo Valdez, Godoy, Napoleón (de quien solo me acuerdo el sobrenombre, se rompió la clavicula al 3 día y de ahí el apodo porque el yeso le dejaba el brazo cruzado), Claudio López, Pedrozo, Arispe, Magne, Adrian Oliva, etc. Me gustaría acordarme de todos pero el tiempo ya no me deja…

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